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20 Centímetros
Marieta quiere ser Marieta
Marién Vélez Rodríguez
Nunca antes había sido tan sagaz ver a alguien babearse del sueño como a Marieta ‘la narcoléptica’. Tampoco había sido tan poco molestoso ver que en un filme el descanso profundo de alguien diese paso a un suceso imaginado, como suele ocurrir en la mayoría de guiones en donde, al parecer, se le agotan las soluciones al que trabaja con el texto.
El ritmo del filme 20 Centímetros, del director y guionista Ramón Salazar, es muy astuto; siempre es favorable atemperar el diálogo con la imagen, aunque exista una infinidad de maneras de laborarlo que a su vez respondan a una infinidad de necesidades del guión. El ritmo es uno que no da lugar a momentos que no adelanten ni la trama ni la presentación de personajes y espacios. En este caso en particular, a menudo el diálogo le da un ‘pisotón’ a la imagen o viceversa; asunto que nos hace sentir que avanzamos en todo momento.
La somnolencia irresistible de la protagonista da pie a ‘interrupciones’, que no son otra cosa que fragmentos musicales. La selección de dichas piezas indudablemente rinde homenaje a los inicios del género de cine musical, al ser todas en inglés en medio de un tratamiento de guión y un trabajo de personajes que poco apuntan a la cultura norteamericana. Este desencajamiento produce una sensación de estar presenciando, incluso, hasta un espectáculo de ‘dragas’.
Cautiva una historia que no necesita de la pena, ni mucho menos del repudio. Marieta quiere ser Marieta y apunta sus energías a conseguirlo por medio de su genitalia. Eso sí, por desgracia, el falocentrismo da razón a gran parte de los diálogos. Ya; que ‘es inmensa’ y que se la quiere picar… cachamos. ¿Pero… y qué con eso?
A veces asoman las narices otro tipo de conflictos diferentes que el de tener un miembro enorme y no deseado en lo absoluto; pero siempre llegamos ahí, al mismo lugar: al “título”. Probablemente hubiese sido otra película (que apuntase más a otros cuestionamientos), si se hubiese prestado más atención a los aposentos emocionales de Marieta y no a avivar los mitos referentes al asunto de género. O sea, si se habla de género durante más de una hora y en pantalla grande, que se hable, pues, de otras intimidades que siguen siendo objeto de nuestros contraríos y de las cuales nadie habla nunca; eso es, sobre todo, las que poco tienen que ver con la genitalia.
El trabajo fotográfico es acorde con la trama, una que juega mucho a poner pico a pico la imagen y el diálogo. Esta astucia, al menos a mí me hace sonreír bastante. La participación de la actriz Mónica Cervera es acertada; dicho sea de paso, si les interesa pueden acceder a la 1era y 2da parte de Hongos, primera colaboración entre Salazar y Cervera, en las direcciones cibernéticas:
Video 1
Video 2 |
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