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Conservemos nuestra riqueza: el agua
por: Maria Cristina Santiago
El petróleo es una de las razones por la cual muchos países actualmente se encuentran en confrontación. Los países inspirados por el desarrollo descontrolado dirigen a la población a un mundo de tinieblas donde la ambición, la pobreza y las guerras predominan con su existencia. Pero muy pronto, si es que ya no está ocurriendo, el agua dulce remplazará al petróleo y se convertirá en el protagonista de estas continuas luchas.
El agua dulce, uno de los recursos más importantes y esenciales, ha mermado considerablemente en los últimos años. Según un reporte del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés) publicado en El Nuevo Día, los diques, la extracción excesiva de agua para regadíos, la contaminación industrial y el calentamiento global han sido algunas de las razones por las cuales los ríos cada vez son más estrechos y su calidad de agua es menor; como resultado de ello, en el planeta existen aproximadamente unas 10,000 especies extinguidas o en peligro de extinción.
Aunque esta preocupante reducción de agua podría en un futuro no muy lejano provocar que millones de personas queden sin agua potable y alimentos, todavía existe un espeluznante enajenamiento por parte de los gobiernos y de los ciudadanos. Aun no hay conciencia de que esta posible escasez podría poner en riesgo la vida de millares de seres humanos, limitando así la calidad de vida de actuales y futuras generaciones.
No hay que viajar tan lejos para presenciar la ignorancia que prevalece respecto a este tema. En Puerto Rico, debido al periodo de sequía por la cual atravesamos, los niveles de los principales embalses están próximos a llegar a su nivel crítico. Por tal razón, se está evaluando un proyecto de ley que, según la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados, regule en periodos de sequía el uso del agua. Pero muchos de los puertorriqueños escuchan esto y las quejas no tardan en presenciarse. Las personas no quieren responsabilizarse o tomar las medidas pertinentes para ayudar en el proceso de reservación del agua; se prefiere malgastar de manera excesiva este mineral para usos insignificantes y así arriesgar la vida de toda una sociedad.
Afortunadamente la Isla goza de diversos cuerpos de agua. Sin embargo, no hemos aprendido a valorar esa riqueza que pocos países poseen. Vivimos “encantados” pensando que estos cuerpos son infinitos. Pero, la realidad es que si seguimos obviando este problema la naturaleza tarde o temprano nos cobrara la deuda.
Aunque la Isla del Encanto sea rica en agua no podemos confiarnos; pueblo que no tiene conciencia de su riqueza terminará en la pobreza. ¡Coooño despierta boricua!
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